¿Qué pasa cuando te tropiezas con un sofá de metacrilato en plena calle, cuando al cruzar una esquina un robot dorado con forma de muñeco Michelin empieza a perseguirte y cuando te encuentras con una banda al completo en pleno show (batería, guitarra, teclado y cantante) metida dentro de una volkswagen setentera recién teletransportada de Woodstock? Que estás en el Salone Internazionale del Mobile, la cita anual con la feria del mueble en Milán. Del mueble, sí. ¿Te parece entonces que mi descripción no concuerda con tu idea de una feria del mueble? Estás en lo cierto: no concuerda.
El salón del mueble en Milán es la mejor oportunidad para saborear el italian style (una buena mezcla de dolce vita, preocupación estética y libertad expresiva que ya quisiéramos en España) y dejarse empapar por la fuerza creadora de una raza que, no sólo se inventa unos zapatos que respiran, sino que, además, se los cuela a medio mundo como si de una necesidad vital se tratase. Son los genios del ingenio y la furbizia.
Ni siquiera la feria en sí cumple con lo que uno se imagina como tal. Lejos de ser un recinto anodino lleno de modelos de lavabos, cómodas decapadas y salas de estar muy de las repetitivas revistas de decoración, lo que uno se encuentra allí es un montaje espectacular propio de un decorado de cine en muchos casos. Espacios enormes recreando ambientes hasta el último detalle (la salita del té según Vitra tenía hasta un conejo blanco bajo la mesa, a lo mejor Alicia estaba en ese momento firmando autógrafos) o exposiciones de producto detrás de un escaparate coloreado con pétalos de rosa, tras una cortina de miles de pequeñas bombillas o sugeridos bajo una espejo retroiluminado sobre el que parece que han silueteado el perfil de un pueblo al estilo Sleepy Hollow. Dicen que el ojo ve lo que quiere ver, no? Pues esto es lo que vio el mío ;)
El fuorisalone es todo lo que ocurre fuera de ese mega recinto, el guerrilla marketing de la ciudad lombarda. Tiendas temporales, espacios efímeros, carritos con pruebas de producto paseando por la ciudad, obras de arte en mitad de la calle, galpones reconvertidos en museos con lo mejor del diseño joven internacional. La borrachera de estímulos es inevitable. Durante una semana la ciudad exhibe con orgullo su talento sabiendo que hasta el más impasible se va a quedar con la boca abierta, algo que los milaneses aprovechan a conciencia exagerando aún más su actitud gatopardesca.
Qué placer sentir cómo el Campari penetra en las venas, vero? Eso le decía una cincuentona bon vivant a su amiga en la terraza de Leonardo, en la señorial Via Aurelio Saffi. Eran las 8 de la tarde y estaban empezando a disfrutar del sagrado apperitivo diario.
http://www.webelieveinbeauty.com/features/485-campari-en-las-venas.html#sigProGalleria8c414a5acd
Campari en las venas







