

Pasas el control de seguridad dispuesta a vestirte de nuevo y de repente ojos desorbitados/mandíbula desencajada: me han robado el bolso!
- Carabiniere la mia borsa! My handbag!
Tu novio en calcetines te mira desde el otro lado con ojos de -qué pasa-la que estás liando-, han detenido las 4 cintas de control de equipaje, te observan 300 pares de ojos.
- Come e' la sua borsa? (el polizioto parece que lleve el jersey almidonado, rezuma pulcritud, esto es Italia, bella)
- Black leather, big... (y para tus adentros: lleno de cosas suculentas: blackberry, cartera, tarjetas, los pendientes, el anillo, la foto de mi sobrina!!)
Vas de acá para allá como una posesa, con unas bolsas de plástico a modo de calcetines, buscando sin buscar de puro agobio. Coges tu maleta de mano (antes de que te la roben también), la abres en un acto reflejo y ahí está el bolso, partiéndose de la risa, desafiante, mirando tu cara de loca. Te lo cuelgas al hombro y te atusas el pelo como si no fuera contigo el asunto y agachas la cabeza sintiendo como esos 300 pares de ojos han mutado en forma de puñales (o dagas, por eso de ser milaneses, en plan fino).
MORALEJA: Ni se te ocurra volar con Ryanair. Te compensa pagar 100 euros más y evitarte una reanimación cardipulmonar en medio del triste aeropuerto de Malpensa, por no mencionar lo de pasar los controles como una señora, con tu trolley, tu bolso al hombro y las alhajas o la bisuta controladas, no en plan polizón infiltrado en un orient exprés donde hay que economizar el espacio y pasar desapercibido.
Crisis en el aeropuerto







